Niñas acosadas en Roblox: lo que está pasando en el juego

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25 Oct 2025

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Dentro de Roblox, algunas niñas viven acoso, presión y escenas sexualizadas. Descubre qué está ocurriendo y cómo acompañar con empatía y criterio.

Cada semana escucho en las aulas cómo la palabra Roblox despierta sonrisas, entusiasmo, historias de construcción, baile y mundos compartidos.
Pero también, poco a poco, aparecen relatos que dejan un nudo en el estómago.
Porque lo que ocurre dentro de ese juego no siempre tiene la ligereza que aparenta.

Roblox es hoy uno de los espacios digitales más transitados por la infancia.
Un universo en expansión donde se mezclan creatividad, convivencia, curiosidad… y, cada vez con más frecuencia, acoso, manipulación, grooming

Un mundo abierto sin mediación

Roblox es un mundo sin límites aparentes.
Cualquiera puede crear un espacio nuevo, personalizar su avatar y conversar con otras personas.
Esa libertad, que es su mayor virtud, también lo convierte en un entorno difícil de proteger.

En ese “todo es posible”, niñas y niños se cruzan con personas desconocidas que se hacen pasar por menores, con usuarios que insisten en mantener chats privados o que piden fotografías.
Algunas jugadoras relatan que, al rechazar una solicitud o un regalo, reciben insultos.
O que son perseguidas por el mapa por alguien que repite una y otra vez: “¿quieres ser mi novia?”.

Son escenas frecuentes, tan repetidas que muchas ya no las ven como un problema.
Han aprendido a convivir con ellas.
A bloquear o huir sin contarlo.
A guardar silencio por miedo a que una persona adulta decida prohibirles su juego favorito.

 

Lo que no se cuenta

En algunos mundos creados dentro de Roblox circulan espacios sexualizados o prostíbulos virtuales.
Son entornos donde se reproducen escenas o roles que la infancia no puede comprender ni gestionar.
Algunas niñas han entrado por error, por curiosidad o por presión de grupo.
Y ese primer contacto con lo sexual llega sin contexto, sin mediación, sin afecto.

Imaginarlo desde fuera es incómodo, pero necesario.
Porque cuando una persona menor entra en un lugar así, sin haber tenido una sola charla sobre educación afectiva o sexual, lo que ocurre después no es solo sorpresa o miedo: es confusión.
Y aquí se hace necesaria la educación emocional, afectiva y digital.
De entender que las primeras referencias que recibe la infancia sobre deseo, cuerpo y relaciones importan.
Y que cuando esas referencias llegan a través de un entorno gamificado y sin control, los riesgos crecen.

 

Normalizar lo que no es normal

Lo que más alarma no es la existencia del riesgo, sino su normalización.
Niñas que hablan con naturalidad de insultos sexistas; niños que ríen cuando alguien describe una situación de acoso; adolescentes que dicen “pasa siempre” o “solo estaba jugando”.

El problema no está solo en el juego, sino en cómo lo interpretan.
Porque cuando lo inaceptable se vuelve cotidiano, deja de doler.
Y cuando deja de doler, deja de tener nombre.

Por eso, acompañar no es solo mirar la pantalla: es ayudarles a poner palabras.
A diferenciar broma de humillación, afecto de manipulación, contacto de control.

 

El acompañamiento empieza en casa (y sigue en el aula)

Acompañar en lo digital no significa estar vigilando cada clic.
Significa estar disponible.
Escuchar, preguntar, observar señales.
Preguntar “¿con quién juegas?”, “¿qué te gusta de este mundo?”, “¿alguien te ha dicho algo que te incomodara?”.
Sin juzgar.
Sin miedo.
Porque si sienten que contarlo implica perder el juego, elegirán callar.

En el aula, la tarea se multiplica.
Hay grupos muy distintos: alumnas que nunca han vivido algo así y otras que sí; alumnado que se ríe por incomodidad; otros que bajan la cabeza.
Hablar de acoso, sexismo o violencia digital exige tacto.
No se trata de asustar, sino de abrir un espacio seguro para hablar.

 

Lo que nadie dice: también es difícil para quienes educan

Abordar estas cuestiones no es sencillo.
Quienes trabajamos con enfoque de género en entornos educativos lo sabemos bien.
Hay que encontrar el equilibrio entre no despertar curiosidad y no tapar lo que ya está ocurriendo.
Entre llegar a quienes no han vivido nada de esto y sostener a quienes sí lo han sufrido.

Y hay que hacerlo en contextos donde todavía hay resistencias: familias que no comprenden, parte del profesorado que se siente incómodo, instituciones que dudan.
Sin embargo, las leyes de igualdad y la normativa educativa avalan este trabajo.
Hablar de respeto, igualdad, diversidad y prevención no es una opción: es una obligación legal y ética.

La mayoría de las personas que sostienen este trabajo son mujeres, muchas atravesadas también por las desigualdades que intentan transformar.
A ellas, especialmente, hay que reconocerles el esfuerzo: seguir hablando de igualdad cuando la sociedad aún la discute.

 

La responsabilidad no puede delegarse

Roblox, como cualquier empresa tecnológica, debe mejorar sus sistemas de moderación, verificación y protección de menores.
Pero hay una verdad que no podemos perder de vista:
la seguridad de la infancia no puede depender de las compañías tecnológicas.

Su prioridad no siempre es educativa ni emocional; es comercial.
No hay algoritmo que sustituya la presencia humana ni control parental que reemplace una conversación.
Las familias, las escuelas y las comunidades tenemos el papel irrenunciable de acompañar, enseñar, estar presentes.

Acompañar no es sobreproteger, es ofrecer herramientas para que aprendan a cuidarse.

 

Lo que podemos hacer (de verdad)

  1. Jugar juntas. Sentarte un rato a mirar qué hacen dentro. No para controlar, sino para comprender.
  2. Hablar del tema con naturalidad. Igual que preguntas cómo fue el día, pregunta cómo fue el juego.
  3. Observar señales. Irritabilidad, insomnio, miedo, o desinterés por algo que antes les entusiasmaba pueden ser indicadores.
  4. Crear una palabra clave. Una forma de avisar si algo les incomoda.
  5. Revisar la privacidad. Configurar chats y servidores privados solo con amistades reales.
  6. Formar a docentes y familias. Porque el acompañamiento no puede hacerse desde la ignorancia.

 

Mirar, actuar y cuidar

Lo que ocurre en Roblox es el reflejo de una sociedad que todavía no sabe cómo acompañar a su infancia en lo digital.
No se trata de demonizar el juego, sino de entender que el mundo virtual también es real, que ahí también se sienten miedo, vergüenza o alegría.

Roblox no es solo un juego.
Es una señal de cómo estamos educando en tiempos de pantallas.
Y la pregunta no es si debemos prohibirlo, sino cómo vamos a acompañar lo que ocurre dentro.

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